La mente pasa por muchos estados: agitación, angustia, miedo, inseguridad... y también alegría, euforia, amor.
Pero entre todos ellos, hay uno que no es un estado más, sino una puerta: la calma.
No porque en ella todo se resuelva, sino porque, cuando hay calma, lo que estaba oculto no necesita defenderse. Puede salir a la luz sin temor a ser juzgado o corregido.
Y quizá lo más simple de todo es que esa puerta no está lejos.
A veces se insinúa con algo tan cotidiano como respirar, así que hagámoslo:
Buscá un lugar amigable y una posición cómoda, sentado o sentada y comenzá a respirar, lento y profundo..., lento y profundo; llenando completamente los pulmones al inhalar y sintiendo como el aire fresco ingresa a ellos. Al exhalar, con lentitud, muy lento hasta vaciarte, si prestás atención vas a sentir como el cuerpo por si solo comienza a relajarse, y como estás prestando atención a tus sensaciones, tu mente comienza a calmarse. No hay prisa, solo respira..., respira lento y profundo, el tiempo que lo desees.
Cuando lo creas conveniente, deja de dirigir tu respiración y vuelve a la respiración natural, suave al inhalar y al exhalar, solo asegúrate de que los pulmones se llenen y de soltar todo el aire cuando exhalas.
El aire apenas se percibe, aunque vos le prestás atención a tu respiración natural. Solo observas como el aire entra y el aire sale. Si surge un pensamiento o una emoción, no te apresures a nombrarlo, ni juzgarlo, ni a dejarte llevar por él, solo observa y dirige tu atención nuevamente a la respiración natural.
El no hacer nada, ni siquiera dar un nombre o un juicio, suele ser incómodo, pero solo permanece así..., los pensamientos vienen y no los seguís, se van; las emociones aparecen y si no te dejás llevar por ellas, se van.
Solo permanece, en calma.
La respiración es nuestro aliado, por ella vivimos y con ella también hallamos este estado de auto observación: La calma, en ella no miramos para juzgar, ni poner etiquetas solo para reconocer lo que aparece.
Así que:
RESPIRA => OBSERVA => PERMANECE
En el silencio, con el cuerpo relajado y la atención abierta, pueden aparecer pensamientos, emociones, recuerdos o comprensiones que no estaban presentes antes.
En realidad, siempre estuvieron ahí. La calma solo les dio espacio para mostrarse.
Esto es natural. No es un error. No es una señal de que algo esté mal.
En este punto, no es necesario cambiar nada, ni sacar conclusiones. No hace falta tomar decisiones todavía.
La conciencia recién está viendo. Y ver, a veces, es suficiente.
Algunas de estas apariciones pueden ser agradables. Otras, incómodas.
Pero ninguna necesita ser reprimida ni resuelta ahora. Solo reconocidas.
Si sentís confusión, inquietud o intensidad emocional, no te apures.
Este momento no es para actuar. Es para aprender a estar presente sin intervenir.
Más adelante habrá espacio para decidir. Ahora, dejamos que lo que apareció encuentre su lugar.
La calma no es el final del camino. Es comenzar a ver.
“Nada en toda la creación se parece tanto a Dios como la quietud.”
(Meister Eckhart)
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