Te voy a dar una primicia exclusiva, como diría algún noticiero:
"LML informa: lo que experimentamos del mundo y de nosotros mismos, nunca es completamente objetivo; está influenciado por nuestro sistema de creencias."
Toda información que llega a nuestra mente es reinventada y filtrada a través de ese sistema, que contiene las bases de nuestra ideología más profunda y funciona como el motor que da forma a nuestra realidad.
Si fueras religiosa o religioso, podrías notar que incluso dentro de una misma congregación existen distintas formas de comprender a Dios, aunque aparentemente todos compartan la misma fe.
Lo mismo sucede con todo lo demás, incluso con nuestra autopercepción. Somos, en gran medida, aquello que en lo profundo creemos que somos… y así será hasta que decidamos cambiarlo.
Sin embargo, hay algo que no es creación de nuestra mente, algo que es pura invención de Dios: la vida.
Y si vivimos, respiramos.
Ahora vamos a hacerlo conscientemente, para buscar un estado de calma:
- Busquemos un lugar tranquilo donde podamos permanecer unos minutos sin interrupciones.
- Sentémonos en una posición cómoda y estable, con la espalda erguida y la cabeza levemente elevada, para evitar dormirnos durante la práctica.
- Tomemos dos o tres respiraciones lentas, cada uno a su ritmo: inhalamos profundamente, retenemos un par de segundos el aire y exhalamos hasta vaciar completamente los pulmones.
De este modo, el cuerpo comienza a relajarse y la mente a calmarse. - Luego volvemos a la respiración natural, prestando atención a su proceso de inhalación y exhalación.
Me refiero a la respiración que tomamos instante a instante durante toda nuestra vida, solo que ahora la percibimos; ya no ocurre en automático. - Durante esta práctica, nuestra atención estará enfocada exclusivamente en ese proceso durante unos cuatro minutos.
- Es muy probable que, a los pocos segundos de intentarlo, la mente comience a divagar: catalogar lo que sucede alrededor, recordar situaciones pasadas, anticipar escenarios futuros o pensar en cosas “más importantes” por hacer.
Eso es normal en el proceso de meditación. Cuando intentamos sostener la atención en un único punto focal, la mente despliega su capacidad creativa. - Para este estado que en el sitio llamamos La Calma, esa habilidad creativa es justamente lo que buscamos observar.
El pasado es solo un recuerdo; el futuro aún no existe; y la urgencia de aquello que “deberíamos” estar haciendo, en este momento, no es tan absoluta como parece. De lo contrario, no estaríamos aquí. - Lo que hacemos es simple:
– Observamos lo que la mente trae a la conciencia.
– Lo aceptamos como algo que estaba oculto y ahora podemos ver.
– Redirigimos la atención a la respiración natural, que es nuestro propósito.
- Así cada vez que sucede. Es normal que ocurra. De este modo nos vamos conociendo mejor y entrenamos la atención.
- Cuando hayan pasado los minutos que nos propusimos —en este ejercicio, cuatro—, tomamos un par de respiraciones profundas como cierre y lentamente volvemos a nuestra vida cotidiana.
Al realizar la práctica, en los pensamientos que surgieron:
¿Pudiste notar cómo los recuerdos del pasado se adaptaban a tu vivencia personal y a lo que crees acerca de ellos?
En tus anticipaciones del futuro, ¿observaste cómo estaban influenciadas por lo que crees que va a suceder y cómo producían emociones acordes a esas creencias?
En cuanto a lo que “debías” hacer ahora mismo, ¿apareció alguna creencia del tipo “estoy perdiendo el tiempo aquí y debería estar…”?
Eso suele pasar.
Y lo importante es esto: ahora sabemos que son solo creencias.
Cuando las vemos con claridad, podemos transformarlas… si lo deseamos.
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